
Esta mujer, desde muy joven, supo esconderse a tiempo tras unas rejas, aprendió a andar y trillar caminos, perderse en la divina contemplación, coger la aguja y distinguirse en labores femeninas, y hasta sentarse a escribir, porque así se lo mandaron, aunque ella estuviera convencida de que no era lo suyo. "¿Para qué quieren que escriba? Escriban los letrados que han estudiado,que yo soy una tonta, y no sabré lo que me digo; pondré un vocablo por otro, con que haré daño".
Consunta y elegante improvisación no mira atrás: "Tornar a leer? yo jamás lo hago; si faltaren letras, póngalas allá, que luego se entiende lo que quiere decir". No importa si se repite. "Como es para mis hermanas, poco va en ello". Con particular pedagogía sabía expresar los fenómenos espirituales y hacerlos asequibles a mentes menos aptas. Gracia especial que ella misma detectó cuando escribía:
"Una merced es dar el Señor la merced, y otra es entender qué merced es y qué gracia, y otra es saber decirla y dar a entender cómo es". De lo que no cabe duda es de que ella supo decirlo y darse a entender. Calculadora e influyente siempre, sin perder la delicada sencillez que le caracterizaba.
LUZ EN EL CAMINO FERNANDO LORENTE